Cosas de mi pasado

domingo, 7 de febrero de 2016

El amor la encontró por sorpresa haciendo miados entre dos autos

Foto: Gregory Tran
Me he ido a echar una jetita de cinco minutos. Al despertar resultó que todos ustedes ya eran viejos.

Temo irme a dormir nuevamente y no encontrarlos con piel sobre los huesos al regreso. Pinchis vetustos desconsiderados.

lunes, 27 de enero de 2014

De cómo las diputadas legislarán para impedir las güilas robóticas

Foto: Mike Cogh

"Lo siento, Vicky. Mis sentimientos han cambiado. Me voy a conocer el mundo. No me llevo nada más que a la Cromada y sus papeles de garantía. Te deseo lo mejor." 

Eso decía la nota. Justo el día que a ella le pareció que ya no era atractiva para nadie.

El tipo se fue y ella se quedó con el espacio dentro del departamento. Un departamento nunca terminado de decorar del modo que ellos habían planeado cuando el amor parecía que podría con todo.

También se quedó con las facturas pendientes, entre ellas una por concepto de "Autómata recreativo para adultos".

Ella se quedó.

martes, 17 de septiembre de 2013

Lo expulsaban de los manicomios porque contagiaba de sensatez a los dementes y los doctores temían por sus trabajos

Anda por estos rumbos un sujeto errante que se desprovee con toda naturalidad. Lo primero que dejó caer fue la lucidez en una época que no me tocó ver. Después no le vino bien la inmovilidad y la descartó. Comenzó a cruzar de un lado para otro y siempre está andando.

Nunca trae la misma ropa porque la va dejando en el camino en tanto le va sobrando cada vez que hace del cuerpo, que ni para eso ni para bañarse se detiene. Alguien que nunca he mirado le procura algún decoro obsequiándole otras prendas y le lava cada mucho tiempo.

Vive de coca colas, no le he escuchado usar palabras, y no parece tener la menor duda.

Añadidura:

Y el del título era que prefería internarse en la casa de la risa porque le tenía fobia a la asfixiante "normalidad" de la gente del mundo de afuera.

martes, 8 de enero de 2013

Hemos de colonizar los densos campos de asteroides y tenderémos escaleras de soga entre ellos para visitar a nuestras madres los domingos

Luego de un análisis que, no está de más, se puede calificar como extremosamente minucioso, un grupo de científicos notables dieron con la cuenta inobjetable de que, para los hombres, el amor dura 78 días, horas más horas menos. Un lapso de tiempo bien confinado que comprende un periplo emocional que va desde los primeros incendios del corazón, pasando por la cima de la pasión, hasta comenzar a ceder el lugar a un aburrido, pero cómodo, sentido de la costumbre. Este trance o abandono de toda lógica aplica para todos los hombres, con excepción, por supuesto, de los inseguros, que nunca han de experimentar convencimiento alguno de lo que sea.

La noticia ha sido toda una revelación para un servidor y fue el motor de una maravillosa idea libertaria. Me tome la molestia de recortar la columna del diario, con todo y la foto del grupo de sonrientes científicos alineados a modo de jugadores de futbol, para llevarla ante los ojos de mi incrédula esposa y convencerla, con tan contundente evidencia, más por su bien que por el mío, de que hemos estado viviendo ingenuamente una auténtica relación de equívocos y carente de rumbo natural.

Sin modo de culpar a nadie más que a las ciegas costumbres arraigadas de nuestra sociedad, le hable de la injusticia de que una mujer tenga que estar atada a alguien prescindiendo de la reciprocidad afectiva, le ofrecí de buen corazón que recuperase su libertad y que condujera su vida a su propia discreción, y que se diese la merecida oportunidad de llegar a un mejor puerto de los afectos del que yo le podía brindar, y no dejé de poner en claro que de mí parte, que a pesar de los altibajos, ni un reproche era justo ante su impecable conducta de compañera y esposa.

En ese momento me pareció que ella, deslumbrada por la claridad de mi razonamiento, iba a dejar de prestar atención al televisor para dejarme ver su rostro conmovido, pero, en cambio, sin desatender ni un momento la pantalla, y sin el menor titubeo, soltó una firme frase: "Qué te pasa, estás pendejo".

martes, 1 de enero de 2013

Le susurró desde la penumbra, apenada de molestar: "Toño, me salí a echarme un cigarro, pero me mataron en el llano, anda por mí cuando despiertes ... no te me vayas a enojar mucho"

Si él ya le había dicho que no se saliera de noche.

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Transmitiendo desde un municipio poco conocido de Michoacán, cuya sugerencia popular dominante es "mantenga un bajo perfil", les expreso: ¡Buen año, esos!

lunes, 27 de junio de 2011

Grandes héroes con poderes atómicos en tremenda disputa por una muchacha de servicio en la Alameda Central

Tá re difícil venir y escribir algo, tengo más pendientes que minutos por día. Saludos a quienes han venido a dejar comentarios a pesar de que no les he podido devolver el gesto.
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Se murió Falk, de ese wey si me la creí que había sido ángel antes de llegar al mundo a ser detective.

lunes, 30 de mayo de 2011

El profeta sigiloso, temiendo una invasión a su recinto, lanzó la pregunta a la penumbra: ¿quién andará ahí?

[Aquí iba algo, pero me tuve quir y ya luego no me acordé]

sábado, 28 de mayo de 2011

Escuchamos el batir multitudinario de alas, pero cuando miramos solamente apreciamos una parvada de ausencias invisibles cruzando el cielo

¿En qué me quedé?

Ah, si. La película esa, que se llama Oh my God, que aquí le llamaron 99 minutos en el cielo, del cuate que va por el mundo preguntando Qué es dios a gente de diferentes sabores, y pasan los primeros minutos y todo el tema es muy vago y me pienso, espero que no sea así toda la película. Y me tuve que parar del sillón, no me fuera a dar un ataque de ojos cerrados.

Yo entiendo, el realizador consiguió el presupuesto para su filme, se fue a dar la vuelta al mundo y tenía que mostrar algo hecho al final, y lo malo es que decidió que fuera un largo metraje.

Había unos entrevistados que decían que dios estaba en los espacios entre nosotros, pero yo creo que en el espacio de mi sillón no estaba algún dios, porque ya se había ido de tan aburrido.
 
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